Monday, January 09, 2006

STRATOVARIUS / HAMMERFALL / SHAKRA

18 de Noviembre de 2005. Sala La Riviera

El inconveniente de que las salas de conciertos de Madrid sean en realidad discotecas pluriempleadas, puede llegar a provocar serios inconvenientes para los espectadores acostumbrados a horarios menos extraños. Y es que hacer la digestión de la comida mientras presencias un concierto de horario nocturno, resulta cuando menos extraño. Eran tres bandas las que iban a actuar, por lo que si el garito quiere abrir a media noche para su rollo poppy, resulta inevitable que el espectáculo se desarrolle en horario infantil. El hecho de que SHAKRA fueran tan puntuales como para comenzar a las 18.30, me impidió ver parte de su actuación (mi madre insistió en que me acabara el yogur). Venían presentando su quinto disco, “Fall”, y por lo que pude ver dieron un recital más que aceptable, con una respuesta más que positiva de los 300 fans, a ojo de buen roquero, que allí nos encontrábamos. Con un sonido muy bueno, ofrecieron una atractiva selección de sus cuatro discos anteriores, salpicado con un par de cortes de su nuevo trabajo, “Take Me Now” y “Chains of Temptation”. Mark Fox, de aspecto siniestramente gótico, sacó mucho más de lo esperado, en un escenario poco más grande que el salón de mi casa, en el que los mástiles pasaban peligrosamente rozando la geta de los músicos.
Con HAMMERFALL tengo un problema personal. Y es que me gusta cualquier tema que escuche, pero si escucho tres seguidos, me aburro como un coral. Me resultan monótonos y repetitivos; y esto es igual en directo. En la última vez que vinieron sin embargo disfruté, debido sobretodo al magnífico espectáculo que trajeron, siendo cabezas de cartel, con aquella batería que subía y bajaba, o el monstruo del hacha (seguro que tendrá un nombre y alguno me llamará ignorante). Sin embargo en esta ocasión la escenografía no estuvo a la altura. Algunos efectos que ya vimos en la otra ocasión, como la nieve, o las telas rojas con ventiladores simulando llamaradas, si estuvieron presentes, pero poco más. Algunos petardos para “Secrets”, a la que siguieron “Riders of the Storm”, con un público que si dio la talla, o “Renegade”, en la que los madrileños demostraron rallar a gran altura... disculpad...es verdad... se me ha ido la olla, que el concierto era en el escenario. El bombardeo de posturitas y topicazos heavies era avasallador, en particular Mr. Dronkak que, ó no sabe tocar la guitarra, o no le gusta, o no quiere; porque estuvo todo el show más preocupado de salir superheavy en las fotos que en arrancar alguna melodía a sus cuerdas. Esto va en beneficio del otro guitarrista, creo que Stefan Elmgren, que se encargó de todos los solos y, en comparación con sus compañeros, fue el mejor (no era muy difícil). “Let the Hammer Fall” (¡Madrid, sois el mejor público del mundo!), “Fury of the Wild” y la emotiva “Glory to the Brave” fueron algunos de los temas que sonaron para deleite de aproximadamente media sala, ¿mil? heavies que disfrutaron... y mucho. Sobró el solo de batería, bastante insulso, realizado sobre una batería de cuatro bombos, más para el espectáculo que para lo que el músico tocaba. Para los bises dejaron “Hearts on Fire”, tema en que hice el ejercicio mental de contar las veces que repetían el título durante la interpretación, y fracasé... me perdí en cuarenta y pico. Resumiendo, sencillo y eficaz; o sea, música sencilla, acompañada de coreografía vistosa, éxito absoluto de público.
Tras haberme granjeado la enemistad de los fans de Hammerfall, vamos a por STRATOVARIUS. Es esta, una banda capaz de lo mejor y de lo peor (buena prueba la tenemos en “Elements I” y “Elements II”). Además son conocidos sus conocidos sus fiascos en directo, así como actuaciones memorables. La única vez que les he visto fue con el “Elements II”, y fue para olvidar, por lo que no tenía ni idea de lo que me podría encontrar. Para empezar, una infinita espera tras Hammerfall, de casi una hora, con un público que se impacientaba por momentos, y un video de la gira de un cuarto de hora (proyectado sobre unas pantallas laterales instaladas tras la actuación de los suecos), que la primera vez hizo gracia pero a la tercera empezó a parecer una tomadura de pelo. Por fin suena la intro... y resultó tan eterna como la espera entre bandas. Música clásica que llevaba intercalado el himno británico ¡por dos veces!. El público, que ya había silbado la bandera “U.S.A.da” durante el video en las tres proyecciones, también silbó este himno en las dos ocasiones. Tras más de cinco minutos de intro... por fin... ¡Música! Y de la buena. Desde el comienzo con “Speed of Light” quedó claro que era un buen día para el rock’n’roll. Tanto Tolkki como Kotipelto estaban pletóricos. “Kiss of Judas” hizo que todos levantáramos los puños al ritmo de una banda entregada al borde de un escenario que se les quedaba pequeño. “Eagleheart” ó “Twilight Symphony” nos permitieron ver a un Jorg Michael impresionante, con una pegada realmente descomunal, así como al fantástico Jens Johanson, que resultó tan divertido como buen músico. En las pantallas se proyectaban imágenes que ayudaban a embellecer el escenario, a veces dibujos estáticos, en otras ocasiones colores bailando entre sí como si estuviéramos en plena psicodelia. El aburrido solo de bajo se les podía haber olvidado, igual que la intro. La larga introducción del tema “United” sirvió para proyectar sobre las pantallas textos en los que informaban sobre guerras, hambre... en fin, sobre lo que mola la especie humana. Finalmente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue muy aplaudida por el respetable, en un momento de emotiva solidaridad. Sin apenas música grabada, ni demasiada conversación entre canciones, fueron cayendo “Father Time”, “Fight” o “Hunting High and Low” con la que terminaron. Durante los bises, que fueron “Forever”, “Destiny” y “Black Diamond”, Jorg Michael comenzó a lanzar las baquetas a los lados del escenario, donde eran recogidas por alguien que se las devolvía. Aunque fallaron un par de ocasiones, lo cierto es que llegaron a realizar algunos malabares curiosos cruzando las baquetas en el aire, y todo esto mientras continuaba tocando. Demasiado corto, pues a penas duró hora y cuarto, dejaron un buen sabor de boca, demostrando una profesionalidad de la que carecen en otras ocasiones, y dando un concierto de auténtico R’n’R, sin espectáculos que puedan despistar al personal, y sonando lo que los músicos interpretan en el escenario, donde además no se apreciaron errores sino más bien todo lo contrario. Buena tarde-noche de Rock, de la que nos quedarán gratos recuerdos.
Texto: Carlos Treviño Cobo
Fotos: Jesús Ruiz

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